József Attila: Dime, qué madura (Mondd, mit érlel… in Spanish)

Portre of József Attila

Mondd, mit érlel… (Hungarian)

Mondd, mit érlel annak a sorsa,

akinek nem jut kapanyél;

kinek bajszán nem billeg morzsa,

ki setét gondok közt henyél;

ültetne krumplit harmadába

s nincs szabad föld egy kapa se,

s csomókban hull a hajaszála

s nem veszi észre maga se?

 

Mondd, mit érlel annak a sorsa,

akinek öt holdja terem;

lompos tyúkja kárál a torsra

s gondjai fészke a verem;

s igája nem zörög, sem ökre

nem bőg elnyújtva - nincs neki -

s mélyéről párolog a bögre,

ha kis családját eteti?

 

Mondd, mit érlel annak a sorsa,

ki maga él, maga keres;

levesének nincs sava-borsa,

hitelt nem ád a fűszeres;

egy tört széke van, hogy begyújtson,

repedt kályháján macska ül,

ritmust lóbál az ajtókulcson,

néz, néz, s lefekszik egyedül?

 

Mondd, mit érlel annak a sorsa,

ki családjáért dolgozik;

veszekszenek, kié a torzsa,

és csak a nagy lány néz mozit;

a nő mindig mos - lucsok holtja -

szájíze mint a főzelék

s a szigor a lámpát ha eloltja,

csend fülel, motoz a setét?

 

Mondd, mit érlel annak a sorsa,

ki a gyár körül őgyeleg;

helyén a kapszlit nő kapdossa

s elfakult fejű kisgyerek;

s a palánkon hiába néz át,

hiába cipel kosarat,

szatyrot, - ha elalszik, fölrázzák

s lebukik, hogyha fosztogat?

 

Mondd, mit érlel annak a sorsa,

ki sót mér, krumplit, kenyeret,

hozomra, újságpapirosba

s nem söpri le a mérleget;

s ritkás fény közt morogva rámol

- az adó hosszú, nagy a bér -

s mi haszna sincs, hiába számol

többet a petróleumért?

 

S mondd, mit érlel annak a sorsa,

ki költő s fél és így dalol;

felesége a padlót mossa

s ő másolás után lohol;

neve, ha van, csak áruvédjegy,

mint akármely mosóporé,

s élete, ha van élte még egy,

a proletár utókoré?!

 

1932. jan.



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Dime, qué madura (Spanish)

Dime, ¿qué madura el destino de aquel

para cuya azada no hay trabajo

y de cuyo bigote no cuelga una migaja;

aquel que está parado y lleno de ansiedad

y que quisiera plantar patatas por un tercio,

aunque no hay tierra libre para una azada más;

aquel cuyos cabellos se caen en mechones

sin que él mismo lo note?

 

Dime, ¿qué madura el destino de aquel

que tiene cinco yugadas para cultivar;

aquel cuyas gallinas hirsutas cacarean por un grano

y sólo de sus preocupaciones llena su bodega,

(su yugo está silencioso, su buey no muge largamente,

sencillamente porque no los tiene,

y el fondo de su tazón sólo humea

cuando da de comer a su corta familia)?

 

Dime, ¿qué madura el destino de aquel

que vive solo, con su único salario

y un plato de sopa desabrida

(el dueño del almacén no le da crédito,

tiene una silla rota, buena para el fuego,

en su estufa agrietada está sentado un gato,

en sus manos oscilan las llaves de la puerta

y después de contemplar la noche se acuesta solo)?

 

Dime, ¿qué madura el destino de aquel

que trabaja para su familia;

aquel en cuya casa riñen por un troncho de col

(únicamente su hija mayor puede ir al cine,

la esposa siempre está lavando, muerta de suciedad;

aquel en cuya boca siempre hay gusto a legumbres,

y cuando el rigor apaga la luz

el silenco afila las orejas y las sombras se mueven)?

 

Dime, ¿qué madura el destino de aquel

que da vueltas y vueltas en torno de la fábrica

(en su lugar, una mujer hace cartuchos,

o acaso un chico de cabeza pálida,

y en vano el hombre mira a través de la cerca,

en vano lleva en sus hombros la carga;

si está dormido lo despiertan

y si roba lo atrapan)?

 

Dime, ¿qué madura el destino de aquel

que pesa patatas, pan y sal –todo a crédito–

y todo lo envuelve en papel de periódico;

aquel que no arregla la balanza para robar

y que, grunendo, ordena las mercancías en la luz escasa

–fuertes son los impuestos, muy alto el alquiler–,

aquel que no saca ninguna ganancia y en vano

cobra más caro el petróleo de las lámparas?

 

Dime, ¿qué madura el destino de aquel

que es poeta, siente temor y canta de este modo;

su mujer friega el piso

y él busca un trabajo de copista;

su nombre, si lo tiene, no es más que una marca de fábrica

–una marca de jabón, por ejemplo–,

y su vida, si es que tiene otra vida,

es la del futuro proletario? 



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